Encuentro con uno mismo: probé el cine solo

Viernes por la tarde, 3 pm, frente a la pantalla de mi computadora… Mis ojos escanean el mismo contenido en el lienzo mientras siento el calor del sol entrando por mi ventana. Miro al cielo azul, pensativa… “¿Y si fuera la hora?” Sentimientos contradictorios se entrelazan, entre el estrés, el miedo y la emoción, estoy confundida. “Tengo que salir a ver amigos esta noche, ¿tendré tiempo?” Una pregunta, ciertamente relevante, pero sobre todo una falsa excusa para quedarme en mi zona de confort. En realidad, todo lo que tienes que hacer es echar un vistazo a los horarios en Internet y la decisión se toma rápidamente.

Así que después de mucho dudarlo, eso es lo que hago: decido ir a ver la película “Elvis”, la película biográfica de Elvis Presley, que tanto me hizo desear, SOLAMENTE. Lejos de ser un cineasta – este tipo de persona que le gusta ir al cine solo – es un verdadero suplicio para mí. Más aún, si además tenemos en cuenta mi compleja relación con el propio cine.

Una relación con el cine, ya difícil

Primero, más allá de mi aversión a la soledad en un lugar asociado al grupo social, como es el caso de los cines, la actividad en sí ya me era casi ajena. Por una buena razón, antes de mi experimento, han pasado tres largos años desde la última vez que probé palomitas de maíz en un asiento rojo. Esto data de una estancia en Canadá -como si tuviera que viajar al fin del mundo para ver un largometraje- donde aproveché para descubrir el live action del Rey León, mi favorito de Disney.

Curioso por descubrir el cachorro de león de tamaño natural de mi infancia, pero sobre todo, acompañado de un amigo, acepté hacer el esfuerzo. En ese momento, el simple hecho de comprar un lugar para encerrarme durante horas en un cuarto oscuro no me parecía rentable. Al ir allí solo en raras ocasiones, no entendí el interés de esta actividad.

Solo entre los demás, una situación impensable

Si ver una película en el cine me resultaba por tanto difícil, ir solo me parecía imposible. Ya cuando me llevaban las ganas de ver una película, siempre pedía a los amigos que vinieran conmigo, y solo si estaban disponibles, íbamos para allá. De lo contrario, lástima, no pude ver la proyección. Este hábito se ha convertido en una cierta forma de frustración, que ha aumentado con los años. Me sentía estancada y nada libre de mis acciones, al menos a la hora de realizar una actividad de este tipo, sola. Finalmente dependía de los demás.

Para aniquilar esta frustración, elegí esta famosa tarde de viernes para salir de mi zona de confort.

El momento T, el momento tan esperado

Viernes, 15.30 horas, tras una enésima comprobación del horario de sesiones, me voy. Es mientras camino hacia el cine que aparece una pizca de estrés en la esquina de mi cabeza. “¿Qué va a pensar la gente?” “¿Voy a parecer extraño?” Sin embargo, esta vez, las cavilaciones se ven bloqueadas por un sentimiento de excitación. El de conseguir este reto personal. La de por fin sentirse libre.

A la entrada del cine, sonrío. “Por fin lo estoy consiguiendo, voy a estar muy orgullosa de mí misma”. Me dirijo a la pantalla táctil para comprar mi boleto. Inseguro del funcionamiento de la máquina, por no estar acostumbrado, siempre me siento un poco preocupado por la mirada de los demás. Sin embargo, me las arreglo para seleccionar mi lugar, con éxito. El billete cae, lo agarro y me dirijo al puesto de confitería, paso imprescindible. Entonces me siento feliz de ofrecerme una merienda simbólica, representando verdaderamente la “salida de cine” en mis ojos.

Una vez hecho el control de entradas, es el momento. Bajo un piso para encontrar la habitación -esperando que sea la correcta- y me acomodo en mi sillón. Incluso antes de que comience la película, me digo a mí mismo que la experiencia ya es satisfactoria… Me doy cuenta de que ya no necesito a nadie.

Un sentimiento de libertad

Cuando los nombres dejan de aparecer y las luces vuelven a encenderse, me siento abrumado por la emoción. Además de estar abrumado por la historia, poderosa y conmovedora, estoy sobre todo feliz y orgullosa… Orgullosa de haber tenido éxito en este desafío personal, orgullosa de haber salido de mi zona de confort.

Antes me sentía estancada y frustrada, ahora me siento libre e independiente.

¿Por qué es tan difícil hacer una actividad solo, como ir al cine?

Se puede establecer que hay dos componentes: un componente psicológico y un componente social.

Si partimos desde un punto de vista psicológico, es importante diferenciar a las personas fóbicas (sociales) de las personas que simplemente experimentan un poco de miedo y ansiedad ante la idea de realizar una actividad en solitario. Es importante distinguir los dos casos porque no los apoyamos de la misma manera. En el primer caso, la sola idea de estar solo en el cine movilizará en la persona fóbica una fortísima ansiedad que lo invadirá por completo. Solo pensar en ello es difícil, así que si ella realmente está en esta situación, es probable que tenga un ataque de pánico. En el segundo caso, ir solo al cine es un paso costoso, que requerirá un esfuerzo, pero en la idea es posible.

Siempre desde el punto de vista psicológico, el miedo a la mirada del otro ocupa un lugar bastante importante, dependiendo sobre todo de nuestra sensibilidad a la mirada del otro. Uno infiere pensamientos a otros que ni siquiera son sus pensamientos. Por ejemplo, nos decimos “si voy al cine solo, los demás pensarán que no tengo amigos” o “que estoy aislado o raro”. Podemos experimentar miedo, angustia, ansiedad o incluso vergüenza, vergüenza.

Desde un punto de vista social, esto se explica por la cultura. Hay culturas donde hacer una actividad en solitario no es algo atípico y donde el éxito no pasa necesariamente por el vínculo con los demás, incluso está bastante bien visto estar solo. En cambio, en Francia se valora especialmente la vida social. Tener amigos, ver gente es sinónimo de éxito… Por eso, si no confiamos mucho en nosotros mismos, estar solo puede conducirnos inconscientemente a una sensación de fracaso. “Si estoy solo, la gente pensará que he fallado”.

¿De dónde viene nuestro miedo a los ojos de los demás?

La mirada del otro es muy importante en el ser humano porque la construye desde que nace a través de la de su madre o padre. Dependiendo de lo que devuelva la mirada de los padres, el bebé se desarrolla como un ser por derecho propio.

Todo el mundo se ve afectado por este miedo, pero sus causas son diferentes individualmente. En primer lugar, tenemos más o menos miedo a la mirada de los demás dependiendo de cómo nos miraban, cuando éramos niños, nuestros padres, nuestra familia, pero también otros en la escuela o en la calle. Estas primeras experiencias infantiles de la mirada “determinarán” la forma en que nos sentiremos percibidos en la edad adulta. Por ejemplo, se puede deducir: “Si estaba solo en el patio cuando era niño y hoy tengo miedo cuando realizo una actividad solo, esto puede causar una sensación de repetición de esta situación desagradable pasada”. Podemos imaginarnos que un niño no apreciado en la escuela y habiendo recibido miradas que le llevan a un sentimiento de rechazo, éste inconscientemente deja huellas aunque, una vez adulto, olvide esta experiencia.

Volviendo a la infancia, reflexionamos sobre las primeras experiencias de soledad. Allí, uno puede preguntarse si estaban vinculados a momentos en los que se podían liberar capacidades creativas e imaginativas O, por el contrario, a sentimientos de ansiedad, exclusión y rechazo. En ocasiones, el hijo único, o de una familia, no se ha beneficiado de buenas condiciones para jugar solo. Si los padres lo enviaron a hacer una actividad solo simplemente porque querían ocuparlo, no siempre se asocia con una experiencia positiva.

En el caso de que el niño se realizara en momentos de soledad, en la edad adulta, no necesariamente experimenta estas actividades solo de la misma manera.

¿Hay algún beneficio en hacer una actividad solo?

Sí, hacer una actividad solo es ante todo regalarte un momento para ti y solo para ti y liberarte de la mirada de los demás. Esto trae tranquilidad y cierta liberación de nuestra imaginación. También significa ser libre e independiente porque ya no esperas a que otros quieran hacer algo para hacerlo… Por una buena razón, sucede que una persona realmente quiere ver una película pero sus amigos no quieren. no, entonces ella no lo verá. Ver una película a solas, por ejemplo, es permitirte tener un momento de placer.

Además de ayudarte a sentirte mejor contigo mismo, te ayuda a sentirte mejor con los demás. En efecto, si somos capaces de ir solos al cine, al restaurante o al museo, entonces, cuando decidimos ir a ver a nuestros amigos, es porque queremos y no porque tengamos miedo de estar solos. Por eso queremos compartir esta actividad con ellos.

En términos concretos, ¿cómo romper con este miedo y atreverse a ir solo al cine, por ejemplo?

Hay un abanico de posibles respuestas. Todos tenemos nuestras peculiaridades individuales. Por otro lado, podemos seguir un rastro, el de preguntarnos: “¿Qué me da miedo?”.

Una vez hecha la pregunta, tratamos de responderla: “¿Es la mirada de los demás?”, “¿Siento vergüenza?” A partir de ahí, nos puede dar más pistas y podemos indagar en las causas: “¿Por qué imagino tales pensamientos en otras personas? “¿De dónde viene esto?” “¿Esto me recuerda una experiencia desagradable que ya experimenté?”

Para profundizar en el origen, también podemos seguir una psicoterapia de orientación psicoanalítica para buscar en profundidad lo que nos asusta, lo que nos preocupa.

También existen otros métodos muy accesibles para aliviar este miedo y superarlo. Podemos hacer sofrología lo que nos permitirá conocer las herramientas de relajación que trabajan sobre nosotros. Los ejercicios de relajación o la meditación antes de la actividad por sí solos pueden ser beneficiosos. Las terapias conductuales también pueden ser útiles para trabajar en el comportamiento y comenzar.

Referencias

Carla Simondi, psicóloga

para más

¿Cuándo te sientes solo? – HACER LA PRUEBA
¿Y usted? ¿Cuál es tu relación con la soledad? hazlo prueba por el conocimiento

Source: Psychologies : tous les nouveaux sujets by www.psychologies.com.

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