Lo que no dice Ilda Boccassini: reticencias y confidencias superfluas


Con este artículo comienza la publicación de un nuevo blog, “Il conTesto”, coordinado por Tano Grasso y animado por personas que de diversas formas, en sus respectivos campos, se han ocupado de la mafia, la antimafia y su entorno. Un espacio de servicio para conocer, analizar y criticar lo que se escribe y se produce en torno a esta temática: libros – como la autobiografía de Ilda Boccassini y “Fareustizia” de Giuseppe Pignatone – pero también películas, series de televisión, documentales. Un lugar virtual para encender el debate, en la creencia de que oponerse a la mafia no significa limitar la libertad de ideas. De lo contrario.

El punto de vista de Ilda Boccassini, tanto sobre eventos públicos como privados, no puede ser trivial ni despreciable. Por ello, la lectura de su autobiografía requiere de un mayor esfuerzo de concentración y de un tiempo de reflexión habitualmente no concedido a los esfuerzos literarios que nos sirven en temporadas como la actual. Por tanto, hemos leído con la debida atención la larga historia del magistrado (pero quizás Ilda preferiría magistrado) más “divisoria” de nuestra reciente historia judicial y, por tanto, política. Una lectura en muchos sentidos instructiva: aunque los hechos y los antecedentes narrados no siempre parezcan completamente inéditos, se ofrece ese ángulo particular que los hace aún atractivos.

La historia de Ilda Boccassini está indisolublemente ligada a su carrera profesional que, según ella misma admite, la llevó a ser opuesta, si no odiada, por todo el mundo en el que se vio obligada a moverse debido a su profesión. Incluso impugnada por su “fisicalidad” (ni el rojo de su cabello ni los trajes que lució en la corte la han perdonado), considerada un requisito previo a la agresión que puso en sus investigaciones y en la defensa de su autonomía incluso con respecto a la invasividad de poderes y su propia corporación. Aversión que cobró evidencia plástica en las “contramedidas institucionales” que traicionaron el deseo de normalizar un elemento desestabilizador de la tranquila y estancada vida de la política. Basta pensar en cuando el ministro Claudio Scajola, con recelosa solicitud, retiró su escolta.

Todo este trágico “teatro” es una historia interesante y rebobina la cinta de una película que no debe olvidarse: la temporada de los grandes juicios por corrupción (Tangentopoli Milanese), la búsqueda espasmódica de los misterios vinculados a las masacres mafiosas, la batalla con Berlusconi y con la maleza económica y financiera del capitalismo nórdico. Poco importa que el hilo de la narrativa discurra por las huellas de un protagonismo desmedido de la actriz principal. Un hilo que es más que a veces incompleto cuando no es francamente reticente.

Hoy, por ejemplo, habla de la indebida injerencia del entonces Jefe de Policía, Gianni De Gennaro, a favor del investigado Silvio Berlusconi. Confesión tardía de que hubiera sido más apropiado cuando sucedió el hecho. La historia de su salida de la investigación sobre la masacre de Capaci fue evasiva cuando maduró el desvío confiado al falso arrepentido Scarantino, a quien Ilda no gustaba. Boccassini se fue, dejando dos informes negativos sobre los arrepentidos que, sin embargo, quedaron firmemente en manos de quienes no tenían ningún interés en denunciar ese desvío.

E Ilda la Rossa se muestra reticente cuando no habla de su relación privilegiada con el difunto periodista Beppe D’Avanzo, de quien sólo recuerda las “riñas furiosas”. Pero delata toda su frustración cuando admite que las autoridades la subestimaron: “Ningún parlamento me ha pedido nunca mi consejo”.

Sin embargo, no es todo esto escrito hasta ahora lo que ha marcado la sobredosis de visibilidad de la “Habitación número 30” de Ilda Boccassini, recién publicada y ya en todas las portadas. El libro es ahora famoso exclusivamente por la “revelación” sobre el “amor perdido” del autor: Giovanni Falcone. Es difícil pensar que la línea editorial elegida no tuvo en cuenta la certeza de que toda la historia se reduciría solo al “capítulo Falcone”, como lo demuestran las reseñas de periódicos y sitios en línea, sin mencionar las “cortes sociales “. Y luego uno se pregunta: ¿cuánto mejor hubiera sido mejor guardar celosamente el gran secreto en su interior?

Pero evidentemente Ilda la Rossa, en su infinita angustia de ego, entre mil aclaraciones y pequeñas venganzas, también tuvo que especificar al mundo el privilegio, según ella, de una historia, una tierna historia de amor con Falcone. Una experiencia que aún la lleva, tanto que desliza el bolígrafo sin que ninguna intervención de edición pueda detenerla. Y luego se deja ir a detalles incluso vergonzosos, incluso desde el punto de vista de la escritura. Difícilmente se puede perdonar la descripción de un momento de intimidad con Giovanni en el mar de Addaura: “Giovanni primero tomó mi mano, luego la soltó y comenzamos a nadar hacia lo desconocido …”. Por no hablar del “lujo relajante” del Boeing de primera clase que los llevó a Argentina para pedir la extradición de Tanino Fidanzati. Quizás hubiera sido mejor revelar todas las confidencias comerciales que dice haber recibido de Falcone y guardar todo lo demás adentro.

A Falcone no le gustaba hablar de sí mismo en público, y mucho menos en el sector privado. Se casó con Francesca casi en la clandestinidad y devolvió al remitente cualquier intento de averiguar más sobre su vida privada. Y no solo por motivos de seguridad. Resistió la tentación de declaraciones sensacionalistas, en fin, no le gustaba la publicidad. Le reproché a Borsellino el clamor que provocó su entrevista a favor de su amigo Giovanni “rechazado” por el CSM para el papel de instructor asesor. Y llegó a firmar las conclusiones de la investigación por delitos políticos, que no compartió, solo por sentido institucional y por aversión a los gestos sensacionalistas “buenos sólo para los periódicos”. Pero ya no está y no podemos preguntarle qué piensa de la historia privada de Ilda Boccassini.

Ilda Boccassini, habitación número 30 (Feltrinelli, págs. 352, euro 19)


Source: L'Espresso – News, inchieste e approfondimenti Espresso by espresso.repubblica.it.

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