Rigoberta Bandini multiplicada por 15.000 en el concierto del Palau Sant Jordi

el himno Quiero verte bailar de Franco Battiato sonaba mientras Rigoberta Bandini se despedía del público en el Palau Sant Jordi, última parada antes de una temporada de descanso. Luces abiertas, gente bailando y una ovación sostenida completaron la puesta en escena de un triunfo deslumbrante, que ha llegado justo cuando el proyecto iniciado por Paula Ribó en 2019 está en su mejor momento: con el directo más consolidado y el mejor repertorio atado para que los desequilibrios no se notan tanto, sin esos espacios vacíos que antes se llenaban con más simpatía que gracia y ahora con un sentido más profesional del espectáculo, a pesar de no renunciar al espíritu familiar y hogareño con el que va a nacer. “¡Estamos en el puto Palau Sant Jordi!”, había exclamado un rato antes, como quien se frota los ojos tratando de asimilar todo lo que ha pasado en estos tres años y buscando una explicación a cosas como tener 15.000 personas cantando delante. de él Veamos qué pasa, Perra, así es como yo bailaba i Julio Iglesias ya que solo se cantan himnos generacionales.

Es muy relevante hablar de fenómeno para describir lo que ha hecho Paula Ribó desde que inventó a Rigoberta Bandini. Comenzó como una mezcla inusual de nostalgia e ironía, totalmente fuera de moda. Reivindicó los ritmos de laitalo-casa con la pose de una estruendosa diva disco fina. Cantó con la indolencia de quien sonríe advirtiendo que no la aplasten, tan pronto vencido por una catástrofe insignificante como abrumado por la vida moderna. El confinamiento lo viralizó, es cierto, y lo catapultó al éxito, pero al Palau Sant Jordi no se llega con una idea ingeniosa. De alguna manera, Paula Ribó consiguió que Rigoberta Bandini encarnara el espíritu de las fiestas que nadie esperaba pero que la mayoría celebra sin pretensiones. Es populismo sin agenda oculta, hedonismo de fiesta de cumpleaños donde los invitados lo dan todo y ayudan a sacar la basura cuando se van. Alguien tenía que representar este sentimiento, y era ella. La celebración de este jueves en Montjuïc, con la predisposición al entusiasmo del público, fue la prueba definitiva.

Rigoberta Bandini en el Palau Sant Jordi.

Nostalgia, amor y baile.

La función comenzó con En España lo llamamos soledad, la piedra angular de esta historia. “No puedo hablar mucho todavía porque lloraría demasiado y queda mucho concierto”, dijo. Al parecer, no cedió a la emotividad del momento, o al menos no supo mantener la interpretación en su lugar. el cantó Fiesta antes de Cualquier noche puede amanecer de Jaume Sisa, una adaptación en clave disco que ahora tiene más éxito que cuando la defendió en febrero en el Palau de la Música, y con un buen filo vocal. Detrás del personaje hay una cantante destacable, y así lo demostró en otros momentos del concierto.

los crescendo bailable del primer bloque culminado con Julio Iglesias. A estas alturas del espectáculo, y certificando que el gran local ha sido más un aliado que un enemigo, el cuerpo de baile ya se había dejado ver en diferentes coreografías y la buena voz de Berta Gratacós, la cantaora que ha sustituido a la prima de Ribó, Belén Barenys, quien se encuentra en la etapa final del embarazo. Uno de los momentos de la noche fue precisamente cuando Barenys -“el perro más grande de España”, según Bandini- apareció para cantar Perra. El público, que ya estaba suficientemente en sintonía despuésVeamos qué pasa i a todos mis amantesestalló en una ovación particularmente fuerte que Bandini respondió mostrando Perra ya la vez dejando espacio al karaoke del público.

El primer bis, o el principio del final, comenzó con Ay mamárematada con los senos al aire de acuerdo con un ritual común en los conciertos de Rigoberta Bandini de 2022. Luego hizo una mezcla de fragmentos de Cómo te amo (Rocio Jurado), bailar juntos (Sergio Dalma), Eres (Gente joven), hentai (Rosalía), El el el (Massiel) y otra vez En España le llamamos soledad, todo muy revelador de cómo tanto ella como el público despiertan la nostalgia y el amor, convertidos en una inmensa masa coral. “¡Qué intensidad! ¿Todavía quieres bailar? Barcelona incansable, esta es mi Barcelona”, dijo, agradeciendo la respuesta. La presencia de Amaia así bailabacon la correspondiente euforia colectiva, llevó el espectáculo hacia el último bis, hacia La empresa que es el título del disco lanzado hace unas semanas (otro fenómeno a estudiar: sacar el disco al final de una gira) y demasiadas drogasla canción que condensa el espíritu de Rigoberta Bandini, la artista que se pliega temporalmente multiplicada por 15.000.


Source: Ara.cat – Portada by www.ara.cat.

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