Un viaje que puede cambiar tu vida

por Davide Tripiedi- A veces cierras los ojos y piensas en tu camino, sea cual sea. En la reflexión te preguntas si podría haber hecho más. Pero no hay vuelta atrás. No se puede hacer. Muchos años en las instituciones me han permitido dedicarme siempre a las últimas. Los que no tienen representación. Los excluidos, los marginados. Llevo dentro de mí un bagaje de muchas vivencias que me hicieron crecer y madurar, muchos momentos difíciles, hechos de decepciones y amarguras. Pero también muchas satisfacciones y pequeñas victorias. La más importante tiene nombre y rostro, el de una niña, Talya.

Conocí a Talya en mayo, durante mi primera misión humanitaria en los campos de refugiados del Líbano con la asociación Abspp. Talya tiene dos años. Está gravemente enferma, pobre, frágil. Ha sido operada varias veces, sufre una severa malformación en la columna. En las condiciones en las que se encuentra y en la realidad que vive, las operaciones a las que ha sido sometida no han hecho más que empeorar su estado de salud. Para nosotros poder recibir atención y asistencia nos parece obvio, normal. En otros países, nada es normal. Por ejemplo, en el Líbano, donde vive Talya, no todos pueden recibir un tratamiento adecuado. No todos pueden tener agua corriente potable. No todos pueden tener electricidad a todas horas del día o de la noche. Y si eres palestino todo se vuelve más difícil. El salario medio de un trabajador palestino en el Líbano es de 2 dólares al día. Imagínese en qué condiciones viven, en este momento que el Líbano está experimentando la mayor crisis económica que jamás haya experimentado la nación.

Tan pronto como conocí a Talya, la tomé en mis brazos y lloré. Su inocencia la desarmaba. Su mirada me golpeó dentro de ella. Usted representa plenamente la condición del pueblo palestino. Abandonada, rechazada, humillada, trata de vivir, de sobrevivir, todos los días sin nada en nada. Un pueblo que nunca ha dejado de orar, de esperar. Un pueblo que lucha todos los días en la indiferencia del resto del mundo y sobre todo de la comunidad internacional y que, a pesar de las masacres, la violencia, las carencias, aún conserva su identidad, su dignidad. La sonrisa. La mayor enseñanza está toda narrada en esta pequeña criatura. Una enseñanza que no se compone de palabras, sino de acciones concretas que pueden cambiar la vida de las personas. Las mismas que distinguen a todo hombre que pasa sobre la faz de la tierra.

Estos viajes me han dado tanto, me han dado tantas emociones fuertes, a veces difíciles de soportar. Lloré mucho y sufrí con ellos. Estas misiones humanitarias han transformado mi visión global de lo que nos rodea. Me atravesaron por dentro, dejándome marcas inolvidables. Lo más incisivo está todo recogido en el rostro de esta pequeña. Para esto, como objetivo final, le hice una promesa a la pequeña Talya. Decidí comprometerme en nombre de una humanidad que necesita resurgir aún más: traer a Talya a Italia con su madre para que pueda ser ayudada y reciba la atención adecuada. Fue un trabajo arduo, de meses, que requirió mucha paciencia y la ayuda constante de todas las autoridades involucradas. Comenzando por la Embajada de Italia en el Líbano, el Ministerio de Asuntos Exteriores, el Ministerio de Defensa, la Región de Lazio, la Comunidad de Sant’Egidio y finalmente el Hospital Bambin Gesù en Roma. Movilicé todos los recursos disponibles para que todos juntos pudiéramos lograr este objetivo.

Hoy puedo decir con extrema alegría en mi corazón que, a pocos días de su cumpleaños, Talya pronto estará en Italia, acompañada de su madre. Junto con la comunidad de Sant’Egidio iré a recibirlos al aeropuerto Pratica di Mare con militares, con Claudio Cominardi, mi compañero de viaje en la segunda misión en el Líbano, y con Sulaiman Hijazi, miembro de la Asociación que permitió para vivir esta experiencia y conocer a la pequeña Talya, para luego acompañarla inmediatamente al Bambin Gesù en Roma.

La llegada de Talya a Italia representa para mí la mayor victoria, como hombre y como “político”. Termina un ciclo importante de mi vida, pero se abre uno nuevo, hecho de esperanza y sanación. Dedicar mi tiempo a mi última batalla fue mi mayor satisfacción. Porque todo final siempre representa un nuevo comienzo.

EL AUTOR

david tripodi, nacido en 1984, nació y vive en Desio (MB). Desde muy joven, gracias a su padre sindicalista Arquímedes, desarrolló una profunda pasión por la política. En 2009 se inscribió en el Meetup Friends of Beppe Grillo en Monza y luego se convirtió en parte integral del Movimiento 5 estrellas. Elegido en 2013, se convirtió en diputado de la República Italiana. Es reconfirmado por las elecciones de 2018. Ocupó el cargo de Vicepresidente de la XI Comisión Laboral, para la cual laboró ​​en ambas legislaturas. Atento a los temas sociales y políticos, fue ponente del decreto de dignidad y siempre ha luchado a favor de los últimos, demostrando lealtad y compromiso en nombre de los valores fundacionales de la agrupación política a la que pertenece. Su camino terminó en la III Comisión de Asuntos Exteriores y Comunitarios, en la que participó en dos importantes misiones humanitarias en campos de refugiados del Líbano.


Source: Il Blog di Beppe Grillo by beppegrillo.it.

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